Señal
Señal es aquello que, como la palabra indica, señala. Ésta puede ser escrita, verbal, visual, o en cualquier otra forma perceptible al intelecto; indicando la presencia, proximidad o dirección de una cosa o idea. Por ejemplo: una señal de cruz en la ruta indica un cruce; los colores estridentes de un insecto seguramente nos avisa que es ponzoñoso; o la lectura que hacemos de los gestos y actitudes de otra persona pueden servirnos para percibir sutilezas acerca de ella. Estos son algunos ejemplos de señales, y de ellos se intuye que es posible una amplia categorización de ellos tanto en su origen como en su importancia relativa y objetiva y en su jerarquía.
El ámbito en donde se aplica y desarrola la señal es el mundo ordinario, pues indica el advenimiento o presencia de una cosa o hecho; por sí mismo no adquiere la presencia de lo que indica, es decir que no tiene transustanciación; no está fundido con aquello que evoca, tornándose indistinguible de ello. Por el contrario, es un indicativo, por el hecho de que no confundimos aquello que evoca con lo evocado. Un cartel en la ruta con el dibujo de una vaca no es confundida con la vaca; asumimos su proximidad, y su eventual y peligrosa realidad de chocar con ella en medio del camino.
La señal apunta hacia el mundo y a sus contingencias, sean éstas de orden personal o extrapersonal: es decir tanto a lo que nos rodea como a lo experimentado vivencialmente. Está referido a la eventualidad, al mundo que está en constante cambio y transformación; y requiere de un intérprete que sepa, si no interpretar totalmente, al menos percibir en algún nivel el mensaje.
Sin un intérprete, la señal es algo inútil. Su finalidad es la de advenir; es decir: indicar la naturaleza de lo que viene. Es un instrumento de conocimiento, de información, de anticipación a una eventualidad, circunstancia o hecho potencialmente posible.
El ideario colectivo asume que la señal es una invención humana, que sólo ayudaría para hacer carteles indicadores. Esto es colocarlo en un marco de existencia muy pequeño; pues el universo entero y todo lo que contiene está poblado de señales. Sólo falta saberlas interpretar. Son síntomas. La caída de una manzana fue para Newton una señal lo suficientemente fuerte como para estimularlo a elaborar su teoría de gravitación universal.
Y así como la señal no es una exclusividad humana, tampoco lo es su interpretación; pues ¿cómo saben las hormigas con tres días de anticipación que lloverá? El hombre de campo, adaptado plenamente a su entorno y que sabe interpretar estas señales tan bien como otros animales, observa a su vez a las hormigas, y viendo que de un día para otro en el prado han aparecido numerosos y pequeños montículos de tierra, y dice: "¡Ahá! habrá una lluvia torrencial en dos días" Pues sabe que se trata de los desagües y muros que levantan las hormigas para evitar una inundación en su hormigero.
En lo referente a la capacidad de predicción de los paisanos, puedo contar una anécdota: ocurrió hace unos 15 años. Era exactamente el mediodía de un día soleado, con algunas nubes; salí a la puerta de mi casa, y en ese momento comenzó a llover erráticamente. En eso pasa un gaucho, vestido con las ropas de usanza -cosa poco común de ver- lo cual indicaba que seguramente había pasado toda su vida en el campo. Y me dice bonachonamente, y con toda confianza, como si fuese un conocido: "hoy va a llover todo el día" lo cual me pareció pesimista, además de exagerado. Le pregunté cómo sabía eso. Me respondió: "el sol está en el cenit. Si comienza a llover en ese instante, llueve todo el día hasta el atardecer". Me explicó salvedades, y algunas cosas más, que exeden la naturaleza de este artículo. Y se fue. Media hora más tarde, estaba lloviendo a baldes, y llovió hasta el atardecer.
La señal, entonces, adviene e indica -o implica- una acción a seguir sea para evitar o acceder a un evento. Su ámbito es un momento determinado: lugar y tiempo; es decir contingencia.
Signo
El Signo (o un grupo de signos) es un instrumento de información, conocimiento, comprensión, de gnosis. No es azarosa esta coincidencia asonante. La función primera del signo es la de aparecer a la mente como una fuente de interpretación de aquello que expresa. El ámbito de utilidad del signo es la mente, el intelecto; pues la mente puede reconocerlo, discriminarlo, ordenarlo, decodificarlo, tomar información de él y asimilarlo: esto es comprensión.
Lo escrito aquí es un conjunto de signos, que conllevan un mensaje. Y precisamente, ésta es la función esencial del signo: el de transmitir un mensaje.
El mensaje que transmite el signo es de un orden superior al de la señal. Para decirlo de manera cosmogónica, el ámbito en donde se desenvuelve la señal es la tierra; el ámbito del signo es el hombre; y el ámbito del símbolo es el cielo.
El signo es una fuente de intelección, es el alimento para la mente. Por este motivo, debido a que su formulación está en consonancia con la psique humana, el signo sí es de exclusividad humana, y también lo es su interpretación. Elijo la palabra humano deliberadamente: 'humano' y 'mente' son palabras que derivan del sánscrito manas, que significa: aquello que es propio del ser humano: el pensamiento. La mente humana posee dos facultades que no poseen los animales: conciencia de sí mismo y potencia de intelección.
Otro aspecto del signo no menor en importancia, es el de servir de vehículo de manifestación de la señal o el símbolo. Pues concede un significado inteligible a la señal. Es el medio de expresión, el idioma virtual, adaptado en primer término a la psique humana y en segundo término adaptado al convencionalismo o al más favorable reconocimiento, que revela a la señal o al símbolo sea en sus aspectos parciales o en su integridad. Ha de considerarse además que existen múltiples vías para manifestar una señal o un símbolo. Hay signos escritos, acústicos, táctiles; y es posible que estas vías actúen en conjunto.
Tomemos un ejemplo para hacerlo más claro: consideremos el sonido "A": todos los idiomas poseen una letra A. Pero su manera de evidenciarlo, de significarlo varía de acuerdo al idioma y a su grafía. Así, el signo de 'A' tomará una forma en particular si se escribe en hebreo, español, cirílico, braille, árabe, hindú o chino.
Multiplicidad de signos y una sola realidad.
No se trata de discernir si el signo es señal o símbolo; sino de reconocer al signo como el medio de manifestación de la señal o el símbolo.
Hay signos que sólo son señales. Otros son símbolos. Otros pueden ser ambas cosas. Consideremos el caso de la letra A. Para un gramático será sólo un signo, la letra A será (problablemente) la primer letra del alfabeto, y un signo por el cual se representa ese sonido; lo considerará en mayúsculas, minúsculas, imprenta, cursiva, negrita, etc. Para un Kabalista, la letra A no será menos que un símbolo: será un Alef, o Alif, símbolo de la Unidad Divina, que conllevará tanto un conocimiento del sí mismo como un conocimiento cosmogónico de carácter sagrado.
El célebre matemático, poeta y místico Omar Jaiiaam escribió en su Rubaiiaat:
Una respiración separa la infidelidad de la Fe;
otra separa a la certeza de la duda.
Entonces, valoriza tu respiración, nunca la consideres poco.
¿No es acaso tal respiración la cosecha de nuestro ser?
Mi corazón se quejaba: "Anhelo la inspiración,
anhelo sabiduría, ser enseñado y aprender".
Respiré la letra A. Mi corazón respondió:
El Uno es suficiente para ocupar esta casa".
Signo es aquello que reviste a la señal o símbolo; es su manifestación en el mundo de las percepciones y de la intelección.
Símbolo
Símbolo deriva del griego antiguo sumballo, que signivica "correlacionar, corresponder, poner a la par una cosa con otra".
El símbolo es cualitativamente inverso (o complementario, según sea el punto de vista) a la señal. Aunque se manifiesta en el mundo material mediante una forma, sea ésta de índole sonora, táctil, visual, etc, apunta hacia la psique del ser humano, y por extensión, hacia el mundo de las ideas o de aquello que es concebido trascendente a lo material. No apunta hacia la contingencia, que es la finalidad de la señal; tampoco apunta hacia la mera intelección, idónea para manejar imágenes o signos; sino hacia aquello que la mente intuye como verdades o ideas eternas arqutípicas, o dicho en otras palabras, está en el más alto umbral de la comprensión humana.
Se han escrito toneladas de papel sobre simbolismo, sobre su interpretación genérica y la interpretación en particular de ellos. Una gran cantidad de esto es una colección de insensateces, sin ninguna conexión con el sentido tradicional del término.
En primer lugar, para interpretar un símbolo de una cultura X se debe estar familiarizado con sus signos, sus escrituras, y en particular sus escrituras sagradas, pues éstas aportan el contexto cosmogónico en el cual el símbolo o los símbolos se desempeñan e interactúan en dicha cultura y su comprensión del cosmos. Se debe conocer el idioma. Esto conlleva una gran cantidad de esfuerzo y estudio acerca de toda la información básica indispensable y pormenorizada para la interpretación simbólica de UNA cultura. Pretender estudiar en profundidad los símbolos de una cultura sin sumergirse en la cultura misma, pretendiendo estudiarlos desde una cultura ajena, resulta en un injerto que no dará frutos.
En segundo lugar, la interpretación del símbolo requiere que el proceso intelectivo sea desempeñado por ambos hemisferios cerebrales. La cultura Occidental en contrario, sólo favorece el desarrollo del hemisferio izquierdo, intelectivo-asociativo, a costas o desmedro del derecho, el creativo, intuitivo o inspirado. En verdad ninguno es mejor que el otro; ambos son necesarios; la prevalencia de uno sobre otro indica una falencia, y en casos extremos una hipertrofia. Cuando percibimos un símbolo, tenemos que tener en cuenta que éste ha sido creado por una mente equilibrada y desarrollada.
Cuando percibimos un símbolo, lo percibimos por medio de los dos hemisferios, y ambos hacen una lectura de ello, en el idioma y en el tono que les es inherente a cada uno. De no mediar una comunicación fluída entre ambos, el intelecto no puede comprender la emoción, ni viceversa. De prevalecer el hemisferio derecho, lo emotivo o intuitivo es desechado, y se tiende a analizar el símbolo como si se tratase de revisar las piezas de un mecanismo, o de asociarlo con otras cosas semejantes en forma, aunque la relación sea evidentemente absurda.
Para el caso del desarme de las partes, es necesario destacar que un símbolo es ante todo una obra de arte armoniosa, conlleva un mensaje: tanto en sus partes como en el todo; y que posee un alcance holístico, en el cual la suma de las partes no es igual al todo, pues la armónica coexistencia entre partes produce un todo cualitativamente superior, el cual no es "otro elemento compositivo más".
En ocasiones los símbolos son estudiados como analogías, utilizando para ello el pensamiento asociativo. Se trata de ver en el símbolo un dibujo abstracto sobre un objeto material, pretendiendo interpretar al símbolo como si se tratase de una señal. Esto es rebajar la profundidad cualitativa del símbolo. Un símbolo puede evocar un objeto material, aunque no es la norma. Daré un ejemplo: he podido leer más de una vez, cuando se estudia una espiral grabada en piedra, en las pareces de alguna cueva, o en lo alto de un cerro, sea Celta, o Inca o Azteca, que se trata indudablemente de "un símbolo cósmico" pues se asemeja a una galaxia en espiral. Esto quizá revela la ignorancia del intérprete. ¡Sólo para nuestra cultura moderna, que ha visto una galaxia por el telescopio, podría tener tal significado! Quizá el símbolo sólo indicaba: "Éste es un buen lugar para echarse una fumada" con algún psicotrópico, por supuesto.
En caso de prevalecer el hemisferio derecho, sólo se atenderá a su forma y estética; en cómo afecta emocionalmente su percepción: si luce bonito, o qué efecto o impresión causa, qué emociones despierta. Incluso habá una tendencia a resaltar sus trazos, estética, hallando en ellos un falso - y quizá hasta grotesco - sentido mistidoide, atribuyendo al símbolo de una radiación imaginaria, resultado de ansiedades, espectativas, deseos e imaginación.
La palabra estética es adecuada para describir la situación: viene del griego aistesis, que significa "reacción, tipo de respuesta provocada". Si los aspectos puramente intelectivos son percibidos por el hemisferio derecho, serán inmediatamente desechados; no hay 'emoción' para extraer de ellos: se dice, por ejemplo: tiene demasiada geometría, o es algo muy frío.
El diseño de todo símbolo está fundamentado en la geometría: en el punto, la línea, la curva, la simetría y proporción. Quizá sea geométricamente puro; quizá su geometría sea una estructura subyacente, oculta por trazos más libres. Pero en el símbolo no hay tal cosa como trazos "azarosos" sin fundamento funcional, producidos por lo que los amantes de los arrebatos emocionales llamarían "inspiración"; aunque esto no sea en realidad inspiración, sino inestabilidad e ignorancia emocional. En verdad existe inspiración en el símbolo, pero no surge del propio intérprete, sino de una fuerte de orden superior. Lo único que puede hacer el intérprete es estar armonizado, cerebralmente dispuesto para sintonizar con un orden de ideas suprahumano.
Cada hemisferio percibe en su propio idioma. Si entre ambos hay comunicación, tiene lugar lo que podríamos llamar "inteligencia emocional" y "emociones inteligentes". Es como nuestra visión binocular: mediante los dos ojos podemos ver tridimensionalmente. Mediante el pensamiento binocular, podríamos facilitar el desarrollo de una dimensión extra, que es invisible en el caso del desarrollo cerebral unilateral.
La interpretación del símbolo, necesaria para su aprovechamiento, conlleva la utilización de una capacidad extendida de la mente. En particular a la capacidad de intelección humana y de reconocimiento del mundo, el cual está basado en la percepción binocular de la vista. Así como para ver los objetos y localizarlos en el espacio nos ayudamos de la visión binocular, extendemos esta capacidad a la intelectualización, en donde cotejamos, discriminamos, comparamos los hechos de la vida a partir de la superposición de ideas ligeramente diferentes, de diferentes puntos de vista, fusionándolas para obtener un mejor panorama. No extremadamente diferentes, pues al igual que la dispocición de nuestros ojos no es extrema, así también el juego de opuestos resulta en este esquema de pensamiento totalmente irreconciliable entre las partes, quedando en eso: oposición.
El símbolo eleva esta capacidad de la mente a un nivel cualitativamente superior, pues su interpretación no puede ser dada en términos puramente ideológicos, o sentimentalistas, sino por la contrastación de estados o condiciones absolutamente individuales e independientes surgidas de una percepción e intelección estereocerebral.
Imaginemos ambos hemisferios cerebrales: cada uno tiene un modo de procesar una misma información de una manera muy propia: el izquierdo el aspecto intelectivo-asociativo-memoria, el derecho el emotivo-creativo-perceptivosomático. Ahora, en condiciones en que una cultura fomentase el desarrollo equilibrado del cerebro, cada hemisferio debería de haber recibido el entrenamiento adecuado para extender parte de sus neuronas
(Se ha comprobado que las neuronas extienden sus ramificaciones, y se interrelacionan rápidamente en término de días o semanas con otras neuronas si es necesario desarrollar una nueva destreza) hacia el otro hemisferio, como se extiende una ramificación lateral de un árbol. Ahora, cada hemisferio seguiría pensado en sus propios términos, pero no está aislado: puede enterarse de qué piensa el otro lado, interpretando en su propio "idioma" los procesos que el vecino elaboró: el izquierdo por ejemplo, percibirá las emociones que procesa el derecho, pero las codificará en su versión "intelectiva" y el derecho percibirá lo "intelectivo" y lo codificará en su versión "perceptivo-emocional"; dando lugar entonces a las emociones inteligentes y a la inteligencia emocional. Esto conllevaría una retroalimentación, que equivaldría a poner un espejo frente a otro.
A su vez, esta doble percepción combinada es vuelta a fusionar para dar lugar a un pensamiento unificado, proceso que probablemente se desarrolle en lo más interno del cerebro, en la zona límbica, donde se halla un tupido cableado en forma de X que conecta ambos hemisferios.
Es posible ir un paso más allá: no ya mediante la superposición de ideas y sensaciones, sino mediante la superposición de conjuntos enteros de conocimientos alojados en ambos hemisferios cerebrales los cuales albergan sobre una misma percepción interpretaciones o modulaciones de naturaleza independiente y complementaria, añadiendo una dimensión extra a lo percibido. Esta es la base de la contemplación, donde la percepción estereoscópica trabaja con conceptos complejos, y no con imágenes congeladas. En esto la escritura china lleva una gran ventaja, pues está organizada mediante el manejo de conceptos, que al ser combinados dan origen a otros, que son derivaciones o mutaciones de éstos, o bien más abarcativos.
Desde el punto de vista tradicional hay referencias a esta capacidad extendida. En el yoga, el séptimo chakra es llamado Sahasrara Chakra (en sánscrito: Rueda de mil rayos) se le ubica en lo más interno del cerebro; afirman que cuando está desarrollado, extiende sus ramificaciones a todo el cerebro como un árbol. Implica el pináculo de la perfeción humana.
En la tradición Sufi, existe idéntico concepto, al cual se lo llama Jafi o Ajfi (en árabe: Secreto Arcano o Profundamente Oculto). Idénticamente, el Jafi se corresponde con la última etapa del progreso y perfeccionamiento de la psiquis del hombre. Cabría agregar que un sinónimo de Jafi es Gain, el cual quiere decir secreto arcano, última letra del alfabeto y mil. Precisamente, la misma idea del término sánscrito.
Y debido al alto origen del símbolo y a la naturaleza humana, junto con el estudio de la realidad del símbolo es necesario analizar la naturaleza de la percepción humana.
La Percepción Humana
Es necesario definir en principio lo que se entiende convencionalmente por percepción, una podría ser: la información que recibimos a través de alguno nuestros sentidos. Ahondando un poco más, podríamos agregar que no sólo se trata de percibir, sino también de poder o saber interpretar lo que se percibe.
Entonces el proceso de percepción consta someramente de dos etapas:
a) la información que captan los sentidos
b) el procesamiento e interpretación de dicha información.
Esto determina entonces la existencia de un universo externo, un universo interno y un límite entre ambos. Lo exterior es todo aquello que es potencialmente perceptible por alguno de los sentidos; lo interior es aquello vivenciado a consecuencia de la interpretación de la percepción. Son como las dos caras de una misma moneda: una cara mira hacia el mundo externo, la otra hacia el mundo interno; entre ambas está el espesor de la moneda, que en la analogía viene a representar el aparato sensitivo y la interpretación básicamente primaria de estos sentidos.
Esta conectividad entre ambos mundos, el interior y el exterior, describe entonces el proceso perceptivo-cognitivo, a falta de mejores palabras en idioma castellano.
a) El primer aspecto se corresponde a la percepción del mundo sensible, a la descripción de sus características, y al procesamiento primario de esta percepción; si consideramos a lo sensible como un mundo en sí mismo y a la interpretación personal de cada individuo como un mundo en sí mismo, entonces los sentidos son las puertas, los límites fisiológicos, que vinculan o delimitan estos dos mundos. Este primer aspecto entonces, representa el mundo exterior y su interpretación primaria.
Explicadamente, la percepción sensorial es el instrumento del que disponemos para percibir, captar e interpretar el mundo que nos rodea el cual es material y en permanente cambio, que es el mundo sensorio.
La percepción captada por los sentidos debe ser interpretada, decodificada y puesta en orden por el cerebro haciéndola inteligible a la naturaleza de la mente, para así obrar en consecuencia.
La agudeza de tal percepción está determinada tanto por la agudeza de los sentidos como por las aptitudes, capacidad de comprensión, experiencia, conocimientos e inteligencia del individuo.
b) Lo que cada individuo hace con esta interpretación primaria, es decir cómo la interpreta según su receptividad física, experiencia, inteligencia y atención corresponden al mundo vivencial, al segundo aspecto de la percepción humana.
El mundo entero está pletórico de vida, de la cual se nutre la mente. De él el hombre se instruye, se informa, discierne, y deviene en sabedor.
Éste es el ámbito del conocer, del re-conocer, del comprender, experimentar, informarse, interrogarse, comprender de a poco y adentrarse en el descubrimiento.
Es un proceso de retro alimentación; pues lo adquirido refina a su vez a las percepciones, tornando al ser humano más inteligente, sutil, sagaz, inquisitivo, penetrante. Bueno, así debería ser, aunque muchos demuestren lo contrario; pero por favor: no particularicen una generalidad.
Jalaludin Rumi escribió en el siglo XIII:
"Nuevos órganos de percepción surgen a consecuencia de nuevas necesidades. Por lo tanto, oh criatura, incrementa tus necesidades, a fin de que se desarrollen tus percepciones".
Cuando precisamente, no se produce esta retroalimentación tiene lugar el olvido, el descuido, la debilidad para recordar. Es porque no se está usando bien el cerebro.
La Percepción
Multidimensional
La visión que tenemos del mundo que nos rodea es perceptible por nuestros ojos, que trabajan en combinación formando en el cerebro una visión estereoscópica: cada uno ellos recibe una imagen con una ligera diferencia de punto de vista a causa de que cada uno ocupa un lugar diferente del espacio: esto es una imagen plana. Cada ojo percibe la cosa en cuestión con una leve diferencia de perspectiva. El cerebro toma estas dos imágenes, las superpone, interpola las coincidencias y diferencias, y arma una imagen con profundidad. Todo esto en tiempo real y sin siquiera percatarnos del proceso.
Esto, aunque parece una percepción tridimensional, es en realidad una visión plana con perspectiva de volumen y profundidad. Una visión binocular. Estamos habituados a percibir dos puntos de vista ligeramente diferentes y planos e interpolarlos para construir una imagen tridimensional. Esta es una habilidad que se comienza a desarrollar siendo bebés. Un recién nacido no ve con definición, ni puede enfocar, ni ve tridimensionalmente. Estas son capacidades que naturalmente se desarrollan. He oído frecuentemente decir: "los animales nacen sabiendo caminar, y el hombre no". Sí, es cierto; pero el ser humano nace sabiendo utilizar su cabeza, y sabiendo cómo ser más inteligente. Uno puede observar que en cierta etapa, en niño se lleva a la boca todo lo que alcanza: es que su boca tiene la percepción más desarrollada que el resto de su cuerpo: ha mamado de su madre, ha conocido a través de la boca. En el amor, con el beso buscamos acercarnos íntimamente a nuestra pareja. Por eso el niño la usa, para "medir" las formas del objeto que ha tomado; uno puede ver que no sólo lo chupa y babosea, sino que de tanto en tanto, cuando percibe una aspereza o protuberancia, lo aleja para verlo entre sus manos. Está estudiando su topografía, y está desarrollando la capacidad para ver, enfocar y discernir. El sólo hecho de querer "agarrar" las cosas, desarrolla su percepción espacial.
Considero que la vista es el órgano de percepción del que más depende el ser humano y sobre el que construye todo su esquema de pensamiento y concepciones. Es de tal relevancia, que hasta la mente adopta tal esquema de cosas para armar un ideario del mundo que le rodea.
¿Qué opina sobre mi punto de vista?
Dos ojos frontales, escasamente separados entre sí. He aquí el origen del atávico hábito de ver las cosas de manera simplista. Se ve lo que hay sólo por delante, y nada de lo que está por detrás. Hay izquierda y hay derecha. Este es el origen del pensamiento por medio de opuestos: arriba-abajo, adelante-atrás, blanco-negro, todo-nada, si no lo veo no existe, si no triunfa es un perdedor.
Pero me pregunto: ¿Qué habría sido de la dualidad bien entendida, si en vez de ser una especie humana con dos ojos hubiésemos tenido 3, o 10 repartidos por toda la periferia del cráneo, o uno a cada lado, como los pájaros? ¿O con cuatro cerebros diferenciadamente especializados? Seguramente se verían e interpretarían las cosas de manera un tanto diferente. A veces uno oye afirmaciones sobre que el mundo es todo dualidad, un juego de fuerzas en constante oposición. No es así, se ve así, sólo si se piensa en esos términos; lo cual es algo muy diferente.
Una cosa es pareser, y otra es ser. (No, no he errado en la ortografía, he acertado en el sentido primigenio).
Dos hemisferios cerebrales unidos de fábrica, pero bien diferenciados en sus funciones; que agregan más tinta a la dualidad: izquierda-derecha, intelectual-emotivo, realista-soñador.
¿Es que acaso las experiencias son excluyentemente intelectuales o emocionales? ¿Acaso no hay lugar para inteligencia emocional, o emociones inteligentes?
La fuerza de la ingénita disposición neuronal, el hábito, la pereza y el condicionamiento inducen a creer que sólo pensamientos o ideas más o menos similares pueden ser conciliadas; y aquellos que presentan desde puntos de vista más opuestos son irreconciliables.
Por esto pienso que la conciencia humana utilizada de ordinario es cuando mucho, de índole planar, es decir bidimensional; pues sigue las pautas de la visión binocular.
Retomando el caso de la visión binocular, es claro que no es una visión tridimensional, pues si por ejemplo se observa un cubo de, digamos, 6 cm de lado, no se ven todas sus caras simultáneamente. Se ven sólo las caras que están al alcance de la visión, y no las restantes. Es decir que por medio de la visión no hay una aproximación cognitiva verdaderamente tridimensional.
Si un objeto opaco se interpone entre el observador y el objeto observado se pierde la visión de lo observado. Esto no es una visión en tridimensional. Tiende a serlo, pero se fundamenta en una doble visión bidimensional (plana, de dos dimensiones) interpolada.
Una verdadera visión tridimensional permitiría ver al objeto en cuestión, en este ejemplo un cubo, en todas sus caras y por dentro, y si algo se interpusiera en la visión sería difícil o imposible ocultarlo a la vista.
¿Por qué esto es así? Para esclarecer esto, dibuje un cuadrado en un papel. El papel es bidimensional: tiene largo y ancho, y conceptualmente, todo dibujo que trace sobre él también lo es (se reconoce que el trazo de lápiz tiene espesor, por tanto es tridimensional, pero aquí este factor se desprecia a fin de ejemplificar). Cualquier cosa que dibuje dentro o fuera de él no escapará a su vista, pues sus ojos están mirando desde lo alto, fuera del plano: desde una tercera dimensión. Para un observador planar ubicado sobre el plano, el trazo de lápiz sería como un muro de ladrillos. Por tanto, pensando transitivamente, estando ubicados en un espacio tridimensional, para tener una percepción tridimensional genuina, ésta debería ser vista desde una dimensión adicional, una cuarta dimensión.
Retomando el párrafo anterior, sería como ver a tal cubo en una galería de espejos, cada espejo dando una imagen particular y el todo la imagen total, y simultáneamente verlo en visión esférica por dentro. Más sencillamente, sería una visión esférica por fuera y por dentro simultáneamente. Pero nuestra mente no podría reunir todos estos pedazos y armar una imagen visual íntegra, omnisciente todoabarcante, pues nuestro cerebro está preparado para sólo dos ojos, y no cincuenta o diez mil. Y aunque dispusiéramos de los medios visuales, no sería posible verlo por el método habitual, haciendo una imagen íntegra: imaginarlo, hacerse una imagen de él todoabarcante
¿Estamos entonces impedidos físicamente para ello?
Pese a esto, es posible percibir al cubo tridimensionalmente. Basta tomarlo entre las manos y recorrerlo con los dedos, siendo ésta la percepción esférica externa. Tenemos sólo dos ojos, pero tenemos miles, millones de terminales nerviosas sensitivas en la piel, que llamamos tacto. Después de todo, lo que aquí importa es percibir su cubicidad, sentirlo, to feel, to fill. Que el cubo sea de piedra, metal, madera, plástico, amarillo, de hierro, transparente o imaginario es anecdótico. A la vez que se lo explora con las manos se asimila su cubicidad, se le reconoce como tal; lo cual constituye la visión esférica interna; pues en ese instante una parte de uno es cubo; siempre lo fue; sólo que ahora uno lo reconoce, identificándolo dentro de sí mismo y adquiriendo la forma de una realidad perceptible e inteligible.
Digo que siempre lo fue, porque si se careciera del conocimiento ingénito de ello (es decir que ello fuese algo ajeno a la naturaleza humana) sería incapaz de reconocerlo. Este es el sentido del reconocimiento: volver a conocer a aquello que de antemano ya se conoce.
En un hipotético mundo bidimensional la visión es lineal; en un mundo tridimensional la visión es bidimensional, pues lo que se ve son planos, en nuestro caso: dos planos ligeramente diferentes; en un mundo tetradimensional (4D) la visión es tridimensional. Entonces si uno percibe algo en 3 dimensiones (3D reales, no por interpolación) es porque lo está percibiendo desde un nivel de 4 dimensiones, y no puede ser de otra forma.
Muchos intelectuales estudiosos buscan la cuarta dimensión afuera de ellos mismos, tratando de visualizar hiperpoliedros, idealizando hipercubos y demás en una especie de limbo imaginario; sin percatarse de que el propio ser interno está inmerso en dimensiones superiores. La misma red neuronal del cerebro es de tal complejidad, dinamismo y número, que bien podría producir interconexiones multidimensionales. Para citar un caso práctico, ya hay científicos que están estudiando la geometría hiperdimensional para aplicarla en el management empresarial en base a la dinámica de redes complejas entre los integrantes de la misma.
Si por ejemplo, tienen un sueño extraordinariamente vívido en el que ven una nube o una galaxia y la perciben como si estuvieran despiertos, el sueño parece realidad: ¿Cómo puede caber una galaxia en una cabeza? Ellos dirán que es un sueño, una fantasía. Quizá Freudiana o Lacaniana. Quizá en realidad ellos son la fantasía. Probablemente la Nube, o la Galaxia, sea completamente real. Esto para muchos puede haber sonado (o soñado) a disparate, pero recuerden este cuento Zen:
Un hombre que soñó que era una mariposa.
Al despertar, se preguntó:
¿O acaso soy una mariposa que sueña ser un hombre?
Uno tiene una cierta percepción de sí mismo tanto exterior como internamente; físicamente, emocionalmente; tiene recuerdos. Uno se percibe como persona, con una historia, con trayectoria. Uno tiene una imagen de sí mismo de ahora y de cada etapa de su vida. El eje central a través del cual todo esto discurre de principio a fin es el Ser Interno inalterable. ¿Acaso el conjunto de todo el devenir desde el nacimiento hasta la muerte no forman tu persona? Y hay más niveles. Maulana Rumi dice:
¡Oh piadosos, sacrificad la vaca de la lujuria,
si desean la verdadera vida del alma y del espíritu!
Yo he muerto como materia inanimada y he surgido planta,
he muerto como planta y he resurgido como animal.
He muerto como animal y he surgido hombre.
¿Porqué entonces debería temer llegar a menos a causa de la muerte?
¡Moriré una vez más como hombre
para levantarme como un ángel perfecto de la cabeza a los pies!
De nuevo, cuando muera como ángel,
¡Me convertiré en algo que supera la concepción del hombre!
Déjame entonces ser no existente, ya que la no existencia
me canta en tonos de flauta: "A Él es el Retorno".
Entonces, desde el aspecto exterior al menos, toda entidad es un ser de 4D. Es un todo encerrado en 5 dimensiones: las tres espaciales xyz, más el instante de tiempo, más la línea de su tiempo, que mantiene todo coherente y consistente consigo mismo a lo largo de la línea de tiempo. Cada uno de nosotros es en el momento presente un momentum entre lo que ha sido y lo que será.
Además es necesario considerar que un ser está constituído por partes y subpartes, y subpartes de subpartes, cada una de las cuales tiene una individualidad propia además de estar armonizada con el todo del cual a su vez es parte. Por ejemplo un ser humano está compuesto por órganos: tiene un cerebro, por ejemplo. Este a su vez está formado por tejidos, y cada tejido es una individualidad, el cual a su vez está formado por células, y cada célula tiene su individualidad. Éstos también son niveles dimensionales, sólo que de carácter cualitativo, o si se quiere, funcional. Cuando uno habla de "dimensiones" no necesariamente deben ser de condición métrica, cuantitativa.
Asimismo los propios pensamientos tienen dimensión. ¿Pero dónde están los pensamientos? ¿Dónde está el Ser Interno? Cada uno lo tiene, y sin embargo si desarmaran a una persona no encontrarían cosa tal como los pensamientos, o el alma.
Aunque es posible extender una generalización a todo lo existente, incluso al planeta tierra y todo lo que contiene, como una única entidad interrelacionada multidimensionalmente (Gaia), me referiré en particular a la mente, como un receptor multidimensional. Tiene capacidad de pensamiento propio, pero en virdud de su hiperdimensionalidad tiene la capacidad de 'sintonizar'.
Entonces, en este punto, la mente es en cierto modo individual, y en otro más profundo pdría ser parte de una 'mente' mayor.
Algunos pensamientos vendrán por lo tanto de su propia mente; y otros de esta mente multidimensional. En este nivel de conciencia tal persona actúa como una parte conciente de un todo; o si se quiere ver de este modo
(o simultáneamente): el todo se ha vuelto consciente en una parte.
Para finalizar, así como se ha visto que la visión planar interpolada genera una percepción tridimensional que, aunque estrictamente parcializada a causa de las limitaciones dimensionales lo es, asimismo una visión o percepción tridimensional interpolada (es decir que participan dos órganos sensorios) o multi-interpolada (tres o más percepciones interpoladas) podrían producir una percepción tetradimensional o multidimensional.
Nuestra mente no tiene una evidente y siempre disponible, prístina y nítida capacidad para visualizar a ojos cerrados. Nuestra capacidad de imaginación es sólo una sombra pálida de lo que podría ser de funcionar óptimamente. Pongamos un ejemplo fácil, pero servirá para constatar qué dificultoso es: imagine un cubo; y una vez hecho esto hágalo rotar. No de la manera obvia, que sería como recorrerlo alrededor: que gire por las diagonales, los ángulos, intente explorarlo en todas direcciones. Añada superficie y textura a la figura, y los reflejos de la luz al girar. Es una tarea difícil, si no imposible, para casi la mayoría; y en ningún modo será igual a estar contemplándolo en persona, como sería en la realidad.
Sin embargo, también aquí tenemos posibilidades de trascender, al menos por momentos, las limitaciones imaginativas: cuando soñamos. En el sueño, podemos llegar a ver, imaginar y vivenciar de una manera tan vívida como con los ojos abiertos, incluso más. Considero que en el estado de latencia durante elsueño una capacidad aún en desarrollo en el ser humano, emerge de su estado latente, de gestación, para ejercitarse en la gimnasia de la percepción multidimensional. Considero que además de ejercer una función reparadora del cerebro tanto a nivel fisiológico como psicológico, el sueño ejercita esa capacidad aún en gestación y en desarrollo de poder imaginar más fielmente con la mente. Es una gestación que conllevará cientos o miles de generaciones. El sueño es en este sentido un ejercicio evolutivo.
Un atisbo a una perspectiva aún más profunda de esto se halla en el llamado sueño verídico, cuya existencia se reconoce tanto a nivel popular como en todas las tradiciones y religiones del mundo: son los sueños premonitorios, que avisan de sucesos futuros o distantes, o que aportan información sutil sobre un acontecimiento, y que tienen la característica de ser claramente vívidos, más de lo usual. Donde los volúmenes, colores, las apariencias, la participación de personajes y de el propio intérprete, las emociones en juego y las sensaciones, movimientos y reacciones son tan vívidas que parecen reales, incluso luego de haber despertado, y que pueden dejar una profunda huella en la psique. En esta percepción tan real de las cosas, tan tridimensional, participa una percepción ciertamente tridimensional, y por tanto, ésta deriva hacia una percepción tetradimensional o multidimensional, pudiendo vencer las limitaciones del mundo perceptivo de cuando estamos despiertos. Pudiendo ver un poco más lejos o más íntimamente de lo habitual..
El mundo es siempre el mismo; lo que lo hace variar de apariencia o aspecto es la percepción más o menos profunda de él. No existe tal cosa como
"un salto hacia la cuarta dimensión" o la "dimensión desconocida" como si se tratase de algo así como un universo paralelo. Ésas son estupideces. Todas las dimensiones son coexistentes, unificadas; sólo que su percepción más o menos íntegra está en función de las capacidades de cada individuo.
Así es que el tema de las múltiples dimensiones no reside en la simple enumeración de n líneas cartesianas perpendiculares entre sí para una
n-dimensión, lo cual sólo responde a una enumeración cuantitativa.
Puede verse también de una manera cualtitativa, o en la forma de ciclos
dentro de ciclos; o de Mundos dentro de Mundos; y dentro de uno mismo.
La Realidad del Símbolo
El símbolo, en su forma más pura, es un espejo en donde las realidades arquetípicas pueden ser contempladas. Estas realidades no son ajenas al hombre, y el símbolo le permite percibirlas, establecer contacto y ser influído por ellas. Si te miras al espejo, la imagen que percibes no es la de otro, sino que es la de ti mismo: El símbolo es un espejo especial, que permite que veas esas realidades, que están en ti, pero que ignoras. Digamos que el intelecto humano, el intelecto de un hombre bueno, orientado hacia lo Bueno, está en disposición de percibir otras realidades suprahumanas, un mundo de Luz.
Aunque queda mucho por decir, este escrito sólo ha intentado enfocar, resaltar, iluminar algunos puntos que han llamado mi atención y que considero podrían ser útiles para otros.
El ser humano mantiene una íntima relación con el símbolo, pues el hombre mismo es símbolo: en lo que se refiere a su naturaleza corpórea sólo es algo pasajero y aparente; en lo que se refiere a su naturaleza espiritual puede alcanzar la cumbre de las cualidades nobles.
El ser humano es como arcilla blanda: adquiere la impronta, el sello, el símbolo de todo hacia lo que dirige su atención, haciéndose uno con ello. Por este motivo, cuando la mente se adorna con impresiones fieles y libres de distorsión de las Realidades, las adopta y se unifica con ellas, se transforma como si ya fuera íntegramente ser esencial. De igual modo, los vulgares, por su íntima asociación y afinidad con las formas materiales y su extrema obsesión por desarrollar estos vínculos corpóreos, llegan a ser de tal manera que no pueden distinguirse de estas formas ni tampoco percibir diferencias entre éstas y ellos mismos; aún más, los demás pueden ver sus inclinaciones escritas en la cara; así uno oye decir: "tiene cara de buena persona", "tiene cara de amargado", tiene cara de malo", tiene cara de..." Bien dijo el poeta:
Oh, hermano, eres sólo pensamiento;
El resto es sólo músculo y huesos:
Si tu pensamiento es rosa, te conviertes en un ramo de rosas;
Si tu pensamiento es espina, eres leña para el fuego.
Por tanto, el ser humano tiene ante sí la posibilidad de la identificación tanto con lo efímero como con lo perdurable; por ello el sabio toma lo mejor de ambos mundos, sin renunciar a lo material, ni tampoco olvidando aplicarse al Verdadero Ser, y ocuparse de la "Realidad", sin excederse en ningún sentido, desarrollando todo lo Bueno. Pues los diversos grados de las cosas creadas
son teatros de Su Belleza revelada y todo lo que existe es espejo de
Sus Perfecciones.
Perseverará en este sentido hasta que Él se mezcle con su alma, y su existencia individual se desvanezca. Entonces, cuando se observe, estará contemplándolo a Él; si habla de sí, es de Él de quien estará hablando. Lo relativo se convertirá en Absoluto; y "yo soy la Verdad" equivaldrá a decir "Él es la Verdad".
El alcance del símbolo es enorme; y sólo puede ser equiparado con su diseño: el cual es producto del Arte Puro, y del Artífice.
Este artículo puede ser complementado con Arte, Artesanía y Manualidad.
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